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EL DÍA QUE EMPEZÓ TODO

Era un miércoles, lo recuerdo perfectamente porque tuve que guardar el secreto hasta el viernes que llegaba César (no es algo para contar por teléfono). Ese día trabajaba en la tienda de Jerez, y de repente lo supe. No hacian falta pruebas, estaba segura. Y aún mas claro lo tuve cuando, comiendo con Diego, todo se me puso de color amarillo y me mareé. De todas formas compré una prueba en la farmacia y me la hice al llegar a casa. No fue una sorpresa encontrarme el circulito de color rosa porque desde la mañana ya lo sabía. Estaba embarazada.

Llevábamos casi un año intentándolo y no pasaba nada, la psicóloga decía que eran mis nervios, que hasta que no me tranquilizara y me tomase los problemas de otra manera no sucedería. Ya ibamos a empezar a hacernos pruebas, pero ya no hacía falta, ya estaba aquí. Creo que me relajé en el crucero que hicimos a Turquía (aunque el crucero no fue nada relajado, el barco encalló). Quizás me sirvió para desconectar de todos los problemas y del estrés del trabajo.

Qué nerviosa estaba, era la noticia más importante que iba a dar en mi vida, el decirle a mi marido que ibamos a ser papas. ¿Y cómo darle la noticia a César? ...

LA NOTICIA

Fueron tres días larguísimos. Hablaba con César por teléfono al menos dos o tres veces diarias, pero durante esos días era él siempre el que llamaba y yo intentaba poner escusas para que las conversaciones fueran lo más escuetas posibles,... estoy con un cliente, estoy con mi madre, estoy cansadísima.... Temía que me descubriese y que se diese cuenta de que algo pasaba. No sé como lo hace, o como de mal lo hago yo, pero siempre me descubre cada vez que quiero darle una sorpresa, de hecho creo que ésta ha sido la única sorpresa ,que yo recuerde, que he podido llevar hasta el final sin que sospechase nada.

Deseaba locamente que llegase la tarde del viernes para poder compartir con él ese pellizco de alegría que albergaba en la boca del estómago.

¿Y cómo se lo cuento? Pensé en llevarlo a La Marisma (restaurante donde comimos el día que nos casamos) y contárselo entre camarones del porreo y almejas al aceite de Baena, pero no iba a ser capaz, mi cara me delataría en el segundo uno tras cruzar la puerta de casa con su maleta en la mano. Así que decidí que fuera él quien descubriera con pistas la notica antes de mirarme a los ojos. Llené la escalera de mensajes. Se suponía que el bebé nacería el 20 de enero, así que le escribí un mensaje en la puerta diciendo que si descubría que significaba 2001 tendría un regalo.

Cada peldaño de la escalera esclarecía un poco más el significdo de ese número, ¿qué será? ¿un año? ¿una fecha?.... al final de la escalera le esperaba la prueba de embarazo coloreada de rosa, una foto que me bajé de internet de un embrión que tendría la misma edad y un manual para padres primerizos.

Y aún así me preguntó al llegar al final de la escalera... ¿estás embarazada?.

LA CESAREA

Naciste a los ocho meses, no porque ni tú ni yo quisiéramos, te encantó estar sentado durante todo el embarazo, y eso provocó que Julio ,el ginecólogo, decidiera sacarte antes de tiempo.

Tuve revisión rutinaria un viernes sin saber lo que me esperaría al día siguiente. Julio nos dijo que apenas tenías espacio para poderte dar la vuelta y adoptar la posición normal para un parto natural, y que además al tener poco líquido tu nacimiento no se podía hacer esperar. Al día siguiente a las 10 de la mañana estábamos en la Clínica San Rafael de Cádiz para el feliz acontecimiento. La noche del viernes fue un auténtico caos, montando cuna, moviendo muebles para que cupiesen tus cosas, sacando toda tu ropita nueva, preparando la bolsa del hospital, pañales, cremitas, patuquitos,.... una locura.

Por fin llego el momento, desde que llegamos al hospital hasta que tú naciste no paso casi ni una hora, fue todo muy rápido. Llegué a la habitación, me dieron el camisón de rigor y a la sala de operaciones. No sentí nada, un poco el pinchazo de la epidural, pero estaba tan emocionada que casi no recuerdo ni que me doliese. En cuanto te sacaron te pusieron en mi pecho y bajaron la sabana verde que tenia delante para que pudiese verte. Eras la cosa mas bonita que había visto nunca, no podía creer que fueras tan perfecto, me afanaba por contar los deditos de tus manos y tus pies, sí, están todos, eras perfecto. Tenías una carita preciosa, con unos ojos enormes y rasgados que me miraban. Tu piel tenia un color rojizo precioso y estabas tremendamente espabilado. Al minuto entro papá, que emocionadísimo se fue corriendo para la incubadora donde te habían metido y te hizo tu primera foto, un poco movida por la emoción. Yo aún estaba tumbada en la mesa de operaciones pués me estaban terminando de coser, y le dije a papa lo guapo que eras, él tenía la cara más feliz que nunca le había visto. El médico le dijo que se acercara a mí y me toco la cara. Ya éramos una familia completa.

Mientras todo esto pasaba tus abuelos corrían desde Soria para conocerte, llegaron casi a la vez que entrabas a la habitación. Te tuvieron una hora más o menos en la incubadora, no te hizo falta más tiempo. También llegaron mis tíos Miguel, Paco y mi tía Mari.

Ya estabas aquí y todos estábamos tan felices.

VUELTA A CASA

Estuvimos cuatro días en el hospital.

Yo lo pasé regular porque la cesárea había sido muy rápida y no me había dado tiempo a habituarme psicológicamente a que ya estabas fuera de mí. Mi cuerpo reaccionaba como si no hubiese asimilado el que no estuvieses aún dentro de mis entrañas. Además yo quería vestirte, bañarte, cambiarte los pañales...y no podía por que casi no me podía mover. Creo que ha sido el momento de mi vida que más he necesitado a mi madre. Pero fue algo que pasó pronto, soóo me hacía falta mirarte a la carita para que toda esa angustia se pasara.

El 31 de diciembre me dieron el alta y viniste a casa por primera vez. Papá, tu tio Raúl y los abuelos nos prepararon una bienvenida a casa llenándola de globos, papelillos y adornos, y la verdad es que si no lloré de felicidad, no fue por falta de ganas, sino porque no podia con la cesárea, cualquier movimiento abdominal me hacía ver las estrellas. Papá también nos regaló una mecedora de lactancia , lugar en el que te encanta tomar tu bibe y quedarte dormido mientras nos balanceamos.

Esa noche comí las uvas más felices y dulces de toda mi vida.

NUESTRAS TARDES

Todas las tardes me acompañas a ver a mi madre, tu abuela Paquita.

Ella ya sólo emite sonidos guturales, pero a tí te encanta mirarla mientras los hace, creo que te acostumbrastes a estos sonidos ya dentro de mi barriga. Otros niños seguramente se asustarían al oirlos, pero tu los reconoces como un sonido familiar. A veces te siento en su regazo y te quedas embobado mirándola desde sus rodillas. Ella te agarra con sus brazos algo rígidos ya, debido a su enfermedad, y es como si te reconociese entre ellos, no te suelta, incluso me cuesta desabrazarla de tí. No sé si sabe quién eres, pero si lo sabe, seguro que disfruta como nadie esos momentos que te tiene en brazos. Te encanta toquetearle la cara, darle pellizcos en la nariz y tirarle del pelo. Ya hace mucho que dejo de sonreir, pero estoy segura Bruno que si pudiese tu serias el mas fuerte impulso que le probocaria una sonrisa.